¿Como vamos a dedicar fondos a los «de allí» con la que esta cayendo aquí?

Esta pregunta se la hace un buen número de personas y suele ser recogida de inmediato por las administraciones para reducir el volumen de ayuda a lo que la ONU llama países menos adelantados y nosotros simbólicamente el Sur. En España la cooperación se ha visto reducida en un 75% aproximadamente a lo largo de estos últimos años, no así en otros países que también han sufrido ”la crisis”.

Muchos de los que se interrogan lo hacen de buena fe, al igual que algunos responsables de entidades públicas (en general, pequeños ayuntamientos cuyas comunidades sufren un alto porcentaje de paro). En otras ocasiones no es más que una autojustificación de la falta de altura moral, pues suele redundar en que no se apoya ni a los de allí ni a los de aquí.

La primera consideración es que ¡ya quisieran todos esos países estar “el doble de mal” que nosotros! No tienen comparación nuestros niveles de pobreza con los suyos.

Pero la solución de ese dilema no puede venir más que por la vía del reconocimiento universal de derechos. Tenemos claro que todas las personas (de nuestro país) tienen una serie de derechos básicos (alimentación, salu
d, educación, vivienda, trabajo decente, igualdad de oportunidades, jubilación, atención a situaciones especiales, libertades cívicas…), es decir, una vida digna. ¿Y en los demás países? Sabemos que en algunos tienen mejor situación que nosotros, pero hay otros muchos, la gran mayoría de la población mundial, que carece de casi todos ellos. Es lo que nos habría pasado a cada uno de nosotros si hubiésemos nacido en Sierra Leona, en Níger, en Burkina Faso, en Mali, en Burundi… Solemos explicar, según cada ideología, por qué están así en esos países frente cómo estamos en los nuestros. Pero no se trata de dar explicaciones “técnicas” a esa realidad. ¿Alguien podría contestar a esa pregunta
metaética de por qué YO he nacido aquí y no allí? ¿De dónde me viene ese privilegio?

Hemos de llegar a una conciencia de ciudadanía universal, dejar atrás el concepto decimonónico de estado-nación, para integrarnos en unidades regionalizadas (tipo Unión Europea, aun con su precariedad) que vayan nivelando desigualdades, de cara a llegar a un estado-planeta en el que haya una distribución equitativa de cargas y beneficios: que todas las personas disfruten de todos los derechos en todos los lugares del mundo. Es algo utópico pero puede orientar medidas a tomar que vayan en esa dirección y no en su contraria, como la de reducir la cooperación porque “¡con la que está cayendo aquí!”.