­¿Limosna….? : Nunca

Para muchas personas es inevitable compadecerse de quienes en plena calle solicitan una limosna y darles alguna moneda. Otras piensan que la mayor parte de quienes mendigan lo hacen para gastárselo en vino y que no es buena idea darles nada. Pero seguro que unas y otras nos quedamos con la duda de si hemos obrado bien al dar limosna o al negarla. En mi caso tengo clara la respuesta: limosna nunca.

Desde muy antiguo la sociedad y la gentebienintencionada se vienen planteando si quienes mendigan lo hacen por necesidad o se aprovechan de la gente de buenafe para vivir sin trabajar a costa de los demás. Quizás en aquellos años, aunque existiera mucho “falso pobre”, lo cierto es que algunas personas necesitaban de la caridad pública para sobrevivir.

Pero hoy, aunque hay personas y familias que están pasando muchísimas dificultades, nadie necesita mendigar para sobrevivir. Existen diferentes subsidios y ayudas públicas, así como servicios tanto públicos como de organizaciones sin ánimo de lucro para ayudar a las personas que lo necesitan. Quizás no sean todos los que serían necesarios, pero son suficientes para que hoy día nadie tenga que pasar por la indignidad que supone exhibir en la calle sus necesidades y solicitar la compasión de los viandantes.

Dar limosna no soluciona nada y, por el contrario, contribuye a mantener situaciones de deterioro e indignidad, que podrían encontrar ayuda para superarlas en los servicios adecuados. Y, por supuesto, en no pocas ocasiones la limosna termina agudizando el deterioro de quien las recibe, no solo por que por su culpa no necesitan acudir a estos servicios que les puede ayudar a superar sus problemas, sino porque no tienen otro destino que el consumo de alcohol o de estupefacientes.

Dar limosna puede resultar gratificante para quien la da, pero resulta no solo ineficaz sino, en muchas ocasiones, muy perjudicial para quien la recibe, contribuyendo a mantener situaciones de indignidad y agravando el deterioro de quienes mendigan. Por eso, si te preocupa la situación en la que se encuentran las personas que ves mendigando, y otras que por dignidad no lo hacen, pero que están viviendo circunstancias de grave necesidad, puedes canalizar tu solidaridad ayudando económicamente a organizaciones de reconocida trayectoria en la atención a las personas sin hogar y a personas y familias desfavorecidas. Y si quieres ir más allá, hazte voluntario en alguna de estas organizaciones.

Ah, y no olvides que la solidaridad empieza por pagar impuestos de manera justa, y exigir a las Administraciones Públicas que cumplan, con ello, su compromiso de garantizar a todas las personas una vida digna.